miércoles, 27 de abril de 2011

Esperando

La calle se contemplaba vacía, ni un alma vagaba por ella, aunque paradójicamente eran muchos los que habían paseado por ella. Un sonido de pasos rompía la estampa, y una pequeña niña se colocaba a escasos metros de la carretera. Y allí se quedó, a esperar...
Pasaba por allí entonces un viejo perro, ya con el peso de los años sobre sus espaldas, y al ver allí a la niña se preocupó por ella:
- Hola pequeña ¿ qué haces aquí?
- Estoy esperando
- ¿ A quién?
- A un bonito corcel blanco que dijo que posiblemente pasaría a buscarme
- Pero... ¿ y sino viene?. Vente conmigo y no te quedes aquí sola.
- Vendrá, lo sé. Pero muchas gracias por la invitación- contestó la pequeña con una sonrisa en la cara.
- No insisto más, espero que no tarde demasiado. ¡ Hasta otra!

Y así pasaron algunas horas y la niña seguía esperando, cuando delante de ella se paró un bonito caballo negro.
- Hola preciosa, ¿ qué haces aquí tan sola?
- Estoy esperando.
- ¿A quién?
- A un bonito corcel blanco,que dijo que posiblemente pasaría a buscarme.
- Y ¿ te ha dejado sola?
- Sí
- ¿Por qué?
- Porque tenía otras cosas más importantes que hacer, pero es normal, además dijo que seguramente volvería.
- Vente conmigo, yo puedo llevarte a dónde quieras, puedo ser tan rápido como ese corcelblanco, y prometo no dejarte sola.
- No gracias, pero tú no eres él. Prefiero seguir esperándolo, sé que vendrá.
- Como quieras pequeña, pero puede que no volvamos a vernos más, sólo estoy aquí de paso.
- Bueno, si eso es así, ha sido un placer conversar contigo. ¡Qué tengas un buen viaje!

Y así el corcel negro se alejó dejando a la niña completamente sola de nuevo. La tarde iba transcurriendo, y al igual que el perro y el corcel negro, un gato, una mula, un buey, y otros tanto se ofrecieron a hacer compañía a la niña y llevarla donde quisiera, pero ella rechazó todas y cada una de las propuestas.

Caía ya la noche, y la niña, ya cansada, se sentó en el bordillo de la acera, y comenzó a llorar. Pasaba entonces por allí un asno y viendo a la niña llorar se acercó a ella.
- No llores pequeña, una carita tan linda no merece estropearse.
Ella levantó la mirada y se enjugó las lágrimas. Aún así no era capaz de articular palabra porque la tristeza no la dejaba. Viendo que ya hacía frío, el asno le ofreció una manta que llevaba en su lomo y la pequeña la aceptó.
- Bueno, ¿ y qué haces aquí?
- Estoy esperando.
- ¿A quién?
- A un bonito corcel blanco,que dijo que posiblemente pasaría a buscarme.
- ¿ Tardará mucho?
- No lo sé - contestó la niña mientras empezaba a llorar de nuevo.
- Bueno,no te preocupes yo te haré compañía hasta que venga para que no tengas que esperarle sola.

Y así pasó toda la noche, el asno y la niña hablaron largo y tendido. De sus viajes, gustos, miedos... y no pararon de conversar y reir.
Cuando los primeros rayos de sol amenazaban con salir, los dos decidieron que sería una gran idea ir a ve amanecer a una colina que quedaba detrás de la calle. Empezaron a caminar, el asno se percató, yle preguntó:
- ¿No estabas esperando a alguien?
- Eeeh, pues no recuerdo a quién. Anda vamos corriendo antes de que amanezca.

Vieron amanecer y cuando el sol hubo iluminado todo la niña vio lo equivocada que había estado toda la noche, porque el asno no era tal, sino que era un bonito corcel gris.

Y así los dos se fueron dejando otra vez la calle completamente vacía... bueno no totalmente, porque al poco tiempo un corcel blanco llegó esperando encontrar a la niña...
...pero allí ya no había nadie...

lunes, 11 de abril de 2011

al anochecer

Dicen que la noche es la puerta a la imaginación, cuando las ideas fluyen por sí solas, cuando decimos la verdad... El cansancio nos gana la batalla a lo largo del día hasta debilitar la barrera con la que no dejamos salir lo que sentimos y, así, la razón se ve sucumbida a la pasión... sin embargo, hay otros que dicen sentirse más despejados al anochecer, que algo renace en ellos, que se sienten vivos y que piensan con más claridad... entonces me pregunto ¿ será ese afán creador cosa de la razón o del corazón?... No lo sé... quizás esta noche me dé la respuesta...

sábado, 9 de abril de 2011

Y entonces un día, sin saber cómo ni porqué, las notas del arpa de la que hablaba el famoso poeta comienzan de nuevo a sonar, no como antaño desde luego, tanto tiempo de adormecimiento dejaron clara huella en las que en su día fueron las creadoras de las más bellas melodías y que a tantos emocionaron... ¿Por qué dejaron de sonar? Porque tenían tanto que expresar que ni 100 partituras le bastaban.... así pasó el tiempo, y esa falta de espacio se convirtió en prisión, y esa prisión en refugio, era cómodo estar ahí, alejada del exterior, pudo descansar.... pero entonces las paredes comenzaron a resquebrajarse, las notas empezaron a sonar... y es que no hacen falta partituras para tocar, sino oidos dispuestos a escuchar...